Messi Episodio MMXVI: Una nueva esperanza

La antológica jugada que dibujó el astro argentino en la jornada de ayer dio la vuelta al mundo. ¿Cómo puede un pase ser más importante que un gol? La enésima genialidad de un Barcelona que se convirtió en una parodia del buen fútbol.

BARCELONA - CELTA
Messi falló un penal en la goleada de Barcelona sobre Celta por 6-1.

Un argentino que cambia de opinión es un uruguayo, dijo el escritor Hernán Casciari alguna vez, y cuanta razón tenía. Casciari, que en su niñez soñaba con volver a nacer del otro lado del Río de La Plata (algo que finalmente concretó en diciembre del año pasado; la gente con plata hace lo que quiere), no sabía que en su idealización del uruguayo estaba describiendo la evolución del argentino. No del argentino en general, sino de uno en particular. Seamos honestos: un argentino que se autoboicotea debe ser un uruguayo, o como mínimo, no es un argentino.

No quiero decir que Messi es el primer argentino humilde porque le estaría faltando el respeto a varios. No pienso detenerme ni un segundo en aquellos que aplaudían las trompadas limpias del clásico platense hace unas semanas y ahora gaznan que la escena que nos regaló La Pulga ante Celta es una provocación. Lisa y llanamente, me parece una estupidez: Messi ha regalado, en sus 10 años de carrera (¡Tanto y tan poco!) variadas muestras de su simpleza y de su falta absoluta de picardía.

Pero sí quiero decir algo de lo que no tengo ninguna duda: Messi es la evolución del argentino. Es la expresión más acabada del potrero, es la perfección de Ivan Drago combinada con el talento de Rocky Balboa, es el éxitoso que logró sortear la soberbia, el único argentino que evita meterse en quilombos.

¿Hubiese el magnánimo René Favaloro cedido el mérito de una operación exitosa? Sí, probablemente lo haya hecho más de una vez. Por eso es un prócer. ¿Cuántas operaciones harto complejas de Favaloro quedaron opacadas detrás del by pass?

Ayer, Lionel Andres Messi convirtió un gol de tiro libre que realmente es un poema, un tutorial de cómo ejecutar una falta. No trascendió. A la postre no le terminó importando a nadie. El domingo nos refrescó una vieja certeza: El único tipo que puede opacar a La Pulga es el propio Lionel.

Quizá haya sido la primera vez en el que un pase a un compañero significó más que un pase a la red: el único capaz de convertir una asistencia en la tapa de los diarios es Messi. El tercer gol de Suárez nunca fue noticia. No lo fue en España, no lo fue en Uruguay. ¿Sucedió alguna vez en la historia que en un partido donde hubo siete goles la foto principal se la lleve una imagen donde no se ve ningún arco y en la que un jugador parece caminar al lado de una pelota?

Es cierto, Messi no inventó la jugada (Un tal Johan Cruyff, sujeto medianamente importante en la vida del fútbol mundial, la patentó un par de décadas atrás) pero si reinventó el periodismo. Resignificó el valor del diccionario, del lenguaje del cronista que volvió, con el rabo caído, a  buscar sinónimos olvidados. Messi, la pesadilla de los arqueros, los defensores, los entrenadores y los diseñadores gráficos.

Algún día, cuando pasemos los viernes de lluvia mirando una y otra vez los videos de un retirado Messi en celulares 10G (Youtube será, para aquel entonces, una conversación nostálgica entre gordos y cuarentones) tomaremos real dimensión de la belleza estética de la inédita asistencia de La Pulga, una de las dos que le faltaban (la otra sería realizando un lateral, algo que quizá esté practicando). Messi soltó la pelota como quien se choca una silla en madrugada y Suárez olfateó sangre para finiquitar un regalo que originalmente era para Neymar. La defensa se quedó congelada ante tal genialidad y el arquero nunca supo para que lado volcarse.

No sé porque elijo quedarme con el gesto. Quizá porque un argentino que piensa en el otro deba ser un uruguayo. Pero Messi, sabiendo que su amigo Neymar tiene un karma con los penales, le cedió la gloria, estando en la puerta de los 300 goles. Bah, eso intuyo, eso quiero creer. A lo mejor el enano rosarino sea un canchero con dotes de actuación sublimes y solo eligió que la estadística le señale un penal errado porque, como muchos de mis amigos, no se banca un fin de semana sin llamar la atención.

Sea cual sea el caso, el capitán de la Selección Argentina refuerza todos los domingos que la evolución es posible. En tiempos donde un país continúa separándose entre unitarios y federales, La Pulga insiste en sacarle brillo a lo que ya encandila, en convertir al fútbol en un deporte de culto, un film de Tarantino. La edición 2016 de Messi es la nueva esperanza de un mundo que hace rato insiste en hacernos creer que todo se fue a la reverenda mierda.

 

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Argentina Conduce: La mitad más uno

Seis entrenadores nacidos en nuestro país son los encargados de conducir los sueños de sus combinados sudamericanos hasta Rusia 2018. Curiosidades de un fenómeno éxitoso que cuesta exportar hasta el viejo continente.

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Pizzi tendrá la difícil tarea de continuar el legado de Sampaoli.

Con la confirmación en la pasada semana de que el argentino Juan Antonio Pizzi será el nuevo entrenador del Seleccionado Chileno de Fútbol en reemplazo de su compatriota Jorge Sampaoli, llegó también la reafirmación de una estadística curiosa: nuestro país conservará, de momento, la mayoría absoluta de los conductores entre las diez federaciones afiliadas directamente a Conmebol, número que podría haber mermado sí el reemplazante del DT campeón con La Roja hubiese sido de otra nacionalidad.

El número, que no es una rareza sino una continuidad de una tendencia que se acrecentó después del último lustro, resulta llamativo cuando se transporta al continente europeo: a diferencia de lo que pasa con los jugadores albicelestes, a los entrenadores les resulta muy costoso conseguir oportunidades en el continente europeo e incluso, pocos logran plasmar resultados trascendentes.

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Para muchos, Pekerman es el mejor entrenador de la historia cafetera.

De regreso en Sudamérica, con Pizzi continúan siendo seis los argentinos que conducen selecciones: Martino en Argentina, Pekerman en Colombia, Quinteros en Ecuador, Ramón Díaz en Paraguay y Gareca en Perú. Con la excepción del recién llegado, todos vienen de cumplir actuaciones destacadas (en relación a las expectativas) en la última Copa América/Eliminatorias y la cabeza de ninguno de ellos pareciera correr peligro de cara a la próxima edición centenaria.

Este relativo éxito, que encontró su puntapié en la llegada de Marcelo Bielsa a Chile allá por mediados de 2007 (reflejado por Destino Moscú en https://goo.gl/Y0aL1h) y el buen paso del propio Martino por el seleccionado paraguayo, tiene correlación en la cantidad de títulos obtenidos por entrenadores argentinos en el fútbol suramericano (obviando, naturalmente, al fútbol local) pero por razón u omisión, nunca logra dar el salto hacia un estrato más prestigioso.

La fijación sudamericana en los estrategas argentos no es novedad: desde los albores del fútbol hasta la fecha, 40 ciclos de entrenadores nacionales se han iniciado entre 8 de las selecciones extranjeras: solo Brasil se abstuvo de tener algún DT argentino a lo largo de su historia. El resto, mucho menos celoso: Bolivia se permitió ocho etapas de preparadores criollos, Chile siete; Paraguay y Colombia, seis; Ecuador cinco; Venezuela, cuatro, Perú tres y Uruguay, que tuvo un único periodo de extranjeros en el banco de suplentes, contó con Daniel Pasarella a principios de los 2000.

TRES TÉCNICOS DEBUTAN Y UN PARTIDO DE FINAL DE COPA MUNDO SE REPITE
El Flaco le devolvió la ilusión al pueblo peruano.

El dato llama la atención: Sobre diez selecciones, nueve contaron con entrenadores argentinos a lo largo de su historia. La misma cantidad refleja el análisis si el corte se realizará en el siglo XXI: las ocho selecciones extranjeras citadas anteriormente contaron al menos con un compatriota entre el año 2000 y en estos días, con 15 ciclos y 14 representantes, ya que Gustavo Quinteros, además de su actual trabajo en Ecuador, condujo a su par de Bolivia. Chile es el mejor empleador: sus últimos cuatro seleccionadores nacieron en este país y si Pizzi logra cumplir su contrato, superará la década de conducción albiceleste.

Atletico Madrid's coach Diego Simeone reacts during their Spanish Super Cup first leg soccer match against Real  Madrid at the Santiago Bernabeu stadium in Madrid
Simeone alcanzó un éxito impropio para sus colegas latinos en europa.

El desafío para los próximos entrenadores estará en lograr dar el salto hacia el terreno más competitivo: descontando el excepcional caso de Diego Simeone en el Atlético de Madrid (muy lejos todavía, pero en vereda de alcanzar los registros de Helenio Herrera cuando en el fútbol no existían las repeticiones) solo los rosarinos Bielsa en Marsella y Pochettino en Tottenham alcanzaron resultados trascendentes la última temporada.

Atrás quedaron los logros obtenidos por Héctor Cúper en Valencia y Mallorca; a los más éxitosos aquí, se les hace cuesta arriba por aquellos lares: Bianchi no logró hacer pie en tres ligas distintas; el propio Ramón Díaz no tuvo jamás la oportunidad. Acaso el título sudamericano obtenido por Chile le abra la puerta al propio Sampaoli de obtener una oferta seductora desde lo deportivo, algo que otro exitoso como Alejandro Sabella esperó con la chapa de subcampeón del mundo y, por cuestiones diversas, todavía no recibió.