Chile, un éxito argentino

La Selección Chilena de Fútbol navegó durante décadas entre el ostracismo y la desilusión hasta que finalmente logró alcanzar la orilla de la identidad. Desde el 2007 hasta el momento, el país trasandino creció exponencialmente de la mano de dos aciertos dirigenciales: la inversión de contratar a Marcelo Bielsa y la coherencia para elegir reemplazantes con la misma idea y casualidad o no, nacionalidad.

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Bielsa, el maestro que forjó la semilla de un combinado trasandino ambicioso. T13

Generalmente, las buenas historias empiezan con una incertidumbre: el instante inmediatamente posterior a un beso robado; la carrera que empieza un jugador a la hora de patear un penal definitivo, el miedo que precede a la emoción de un test de embarazo, el carreteo incesante de un avión que está por despegar.

No fue ese el caso de Chile.

Cuando la Asociación Nacional de Fútbol de Chile (ANFP) anunció la contratación de Marcelo Alberto Bielsa el 10 de agosto de 2007, lo hacía, como entidad, con la firme convicción de que estaban dando un paso seguro hacia un futuro mejor.

Lógicamente, no todos los integrantes de la ANFP estaban de acuerdo en la llegada del Loco a la Selección. Las pretensiones económicas del rosarino, y sobre todo, la extensa lista de requisitos y transformaciones que exigia Bielsa para poder desarrollar en forma eficiente su trabajo se asemejaban a las de una estrella y generaban resquemores.

Ciertamente, Bielsa lo era: Tres títulos en el fútbol argentino, un subcampeonato de Libertadores, un subcampeonato de América con la poderosa Argentina, sumada a una brillante medalla de oro en Atenas 2004. La única duda deportiva pasaba por su inactividad: el rosarino acumulaba tres calendarios encerrado en su finca, alejado de los flashes y ensismado en su videoteca.

Aquel diez de agosto, Bielsa rubricó su contrato por tres años, con un valor que rondaba los 1,4 millones de dólares. A poco de llegar, el Loco tomó la decisión de quedarse a vivir en el predio de entrenamiento Juan Pinto Durán, que la Selección de Chile tiene en Santiago. Allí vivió durante 42 semanas, donde fue testigo de todas las remodelaciones que exigió y se cumplieron: renovó las 17 habitaciones de los jugadores, los pisos (había que evitar que los jugadores puedan resbalarse y caer), jacuzzis, sala de masajes y un moderno centro de cómputos para llevar al máximo su obesisión por la base de datos.

El césped de las canchas del predio evolucionó de potrero a primer mundo, se reconstruyó toda la infraestructura del lugar (Cocina, sistema de desagues e hidratación, calderas, quinchos, estacionamientos, utileria y lavandería) y convirtió la concentración chilena en la base de operaciones futbolisticas más moderna de lationamerica.

Adentro de la cancha, lo de siempre: Bielsa explotó al máximo la capacidad que tiene para que sus equipos expresen exactamente lo que pretende, y la ingenua Selección Chilena se convirtió en un hambriento y vertical elenco que jugaba, por primera vez en su historia, más cerca del arco rival que del propio.

Con el Loco en el mando, Chile volvió a clasificar a un mundial tras 12 años, alcanzando el segundo lugar de las Eliminatorias con 33 puntos. Ya en el Mundial, el conjunto trasandino alcanzó los octavos de final, una histórica marca que potenció su idolatría.

Sólo el desgaste dirigencial logró alejar a Bielsa del cargo. Ya había anunciado el rosarino que se alejaría del cargo ante el triunfo de Jorge Segovia en la ANFP. Aunque eso no sucedió, la relación del Loco con Sergio Jadue, el nuevo titular de la Federación, tampoco fue la mejor por lo que su alejamiento terminó por concretarse el 4 de febrero del 2011, 1274 días después de haber arribado a un fútbol mucho peor. Los números lo acompañarán siempre: Bielsa cerró su ciclo con el 60% de efectividad.

La salida de Bielsa le dejó a la ANFP un problema doble: debían reemplazar unos zapatos demasiado grandes, con la limitación de candidatos que les generaba el nuevo estilo de Chile. En ese plano, el nombre del también argentino Claudio Borghi se caía de maduro: ocho títulos con el Colo Colo pregonando un fútbol ofensivo y vistoso, no directamente emparentado con el rosarino, pero sí estacionado sobre bases similares.

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Borghi construyó una éxitosa carrera con Colo Colo.

Esta vez, la empresa no resultó fructifera: Borghi fue presentado 20 días después de que se anunció la salida de Bielsa, a pocos meses de la Copa América que se disputó en Argentina y en la que Chile era uno de los candidatos. Finalmente, el elenco trasandino quedaría eliminado por Venezuela en cuartos de final y la prensa/opinión pública le asestaría a un mazazo mortal al Bichi del cual nunca podría recuperarse.

El 14 de noviembre de 2012, tras caer en un amistoso frente a Serbia, la ANFP le expresó a Borghi su voluntad de que el ex jugador de Argentinos Juniors dé un paso al costado. Un puñado de días después, el 3 de diciembre, su compatriota Jorge Sampaoli asumía en el cargo.

Spain v Chile: Group B - 2014 FIFA World Cup Brazil
Sampaoli, el verdadero discípulo de Bielsa.

El oriundo de Casilda cosechaba en el fútbol chileno similares éxitos que los de Borghi, con una pequeña y gran diferencia: Sampaoli es un confeso admirador de Bielsa, tanto de sus formas como de su forma de entender el fútbol. Este antecedente, le permitió, en principio, contar con un poco más de crédito, algo que el santafesino luego renovaría con actuaciones destacadas de su equipo.

Tan destacado fue su paso y tan distante estuvo del proceso de Borghi, que en el 2014, año en el que llevó a Chile a los octavos de final de la Copa del Mundo, Sampaoli fue elegido como el Mejor Entrenador de América, en la premiación que otorga año tras año el diario uruguayo El País.

Lo mejor estaba por venir: en la Copa América 2015, en casa, Sampaoli alcanzó el pedestal tras quedarse con el primer título profesional de la historia, en complicidad con la mejor generación de futbolistas que vio pasar el seleccionado chileno. Fútbol ofensivo, vertical, agresivo, hambriento: Chile se consolidó como el país con la identidad más asumida del continente y además, en el mejor.

Sampaoli, que alcanzó su máximo cargo siendo prácticamente un desconocido en su país, se catapultó entonces al Salón de la Fama en el globo, elevando su capacidad seductora en los grandes clubes europeos. El premio en metálico que le entregó la ANFP fue suculento y la renovación del contrato, también. Al mismo tiempo, su salida del conjunto chileno asomaba como algo más cercano que lejano, máxime por la endeble relación que mantenía con la prensa y la filtración del monto de su salario.

El pasado 19 de enero, el casildense finalmente anunció su alejamiento, harto del hostigamiento de la prensa y probablemente, desgastado tras 3 años intensos y exitosos en el cargo. Sampaoli, que ahora evaluará ofertas suculentas para continuar su carrera. Arturo Salah, el nuevo encargado de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional, debió buscar, prácticamente como primera medida desde su asunción, al difícil reemplazo del entrenador más exitoso de la historia de su fútbol.

Los nombres que aparecieron no solo no sorprendieron, sino que elevaron la confianza en una federación repleta de escándalos, pero que evidencia desde hace 9 años una coherencia deportiva: la búsqueda del arco contrario, un barco que encuentra capitán cruzando la cordillera: Marcelo Bielsa, el candidato número uno; Eduardo Berizzo, otro de sus discípulos, el número dos. Ambos rechazaron el ofrecimiento y el futuro reemplazante es una incógnita.

¿Podrá Chile, sin entrenadores argentinos, conservar su línea? ¿O será que el éxito, algo que viene esquivando al país detrás de la cordillera, es exclusivamente patrimonio nacional?