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En el pasado encuentro ante el Sporting de Gijón, Messi alcanzó los 301 goles en la liga española y también se dio el gusto de convertir el tanto diez mil en la historia de Barcelona. 23 años antes, otro astro albiceleste había pasado por algo parecido.

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Aunque no pudo cumplir las altas expectativas por diversas razones, Maradona entró en la historia del Barcelona.

Diego Armando Maradona es un ex jugador y entrenador argentino. En su prolífica carrera, vistió la elástica de seis equipos: Argentinos Juniors, Boca, Barcelona, Napoli, Sevilla y Newell’s. Además, claro; fue, es y será uno de los emblemas de la Selección Argentina.

Del elenco de La Paternal es todavía el máximo goleador de su historia: el estadio lleva su nombre. Su idilio con Boca, con algunos vaivenes, será eterno. En Napoli es poco menos que Dios (quizá más) y tanto en Sevilla como en Newell’s todavía relatan con orgullo que Pelusa vistió su camiseta.

Pero eso todavía no pasa en Barcelona. Allí su paso no fue lo trascendente que se esperaba.

Maradona llegó a Cataluña en 1982 después de una temporada magnifica en Boca, en la que se consolidó como la máxima figura albiceleste y alcanzó el título con el elenco de la Ribera. En tiempos no tan globalizados como los que se viven, Diego ya colgaba el cartel de estrella mundial y la expectativa era inmensa.

La suerte no lo acompañó al Diez en el elenco blaugrana. Una hepatitis primero, una fea lesión en el tobillo después, una tangana tras un encuentro de Copa del Rey; situaciones que mermaron sus posibilidades de rendimiento y dañaron su imagen. Claro que Maradona era un genio de proporciones bíblicas: en tan sólo 73 encuentros convirtió 45 goles, algunos de ellos con su inconfundible sello de astro, como el que le marcó al Real Madrid en el Santiago Bernabeu que le valió el aplauso de la hinchada local.

https://www.youtube.com/watch?v=fSyeVUhPyP8

Fue contra aquel rival precisamente, pero en el Camp Nou, que Maradona convirtió un histórico gol que recuperó relevancia en los últimos días: un 26 de marzo de 1983,  el Pelusa le convirtió al elenco Merengue el segundo tanto de una victoria 2-1 que se transformó en la anotación seis mil en la historia del Barcelona. No deja de ser una curiosidad estadística que un jugador cuyo paso fue relativamente corto se haya permitido ingresar en la memoria de esa manera.

Sobre todo, si 17 años después otro argentino que también estaba llamado a ser Maradona es el encargado de convertir el que sería el nueve mil, y el diez mil también.

https://www.youtube.com/watch?v=415jiHRxdhg

https://www.youtube.com/watch?v=W6r4L9jDFJ4

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Messi es el único jugador en la historia culé en repetir autoria en cifras milenarias. Además, el poco tiempo transcurrido entre el nueve mil y el diez mil suponen un nuevo récord.
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Messi Episodio MMXVI: Una nueva esperanza

La antológica jugada que dibujó el astro argentino en la jornada de ayer dio la vuelta al mundo. ¿Cómo puede un pase ser más importante que un gol? La enésima genialidad de un Barcelona que se convirtió en una parodia del buen fútbol.

BARCELONA - CELTA
Messi falló un penal en la goleada de Barcelona sobre Celta por 6-1.

Un argentino que cambia de opinión es un uruguayo, dijo el escritor Hernán Casciari alguna vez, y cuanta razón tenía. Casciari, que en su niñez soñaba con volver a nacer del otro lado del Río de La Plata (algo que finalmente concretó en diciembre del año pasado; la gente con plata hace lo que quiere), no sabía que en su idealización del uruguayo estaba describiendo la evolución del argentino. No del argentino en general, sino de uno en particular. Seamos honestos: un argentino que se autoboicotea debe ser un uruguayo, o como mínimo, no es un argentino.

No quiero decir que Messi es el primer argentino humilde porque le estaría faltando el respeto a varios. No pienso detenerme ni un segundo en aquellos que aplaudían las trompadas limpias del clásico platense hace unas semanas y ahora gaznan que la escena que nos regaló La Pulga ante Celta es una provocación. Lisa y llanamente, me parece una estupidez: Messi ha regalado, en sus 10 años de carrera (¡Tanto y tan poco!) variadas muestras de su simpleza y de su falta absoluta de picardía.

Pero sí quiero decir algo de lo que no tengo ninguna duda: Messi es la evolución del argentino. Es la expresión más acabada del potrero, es la perfección de Ivan Drago combinada con el talento de Rocky Balboa, es el éxitoso que logró sortear la soberbia, el único argentino que evita meterse en quilombos.

¿Hubiese el magnánimo René Favaloro cedido el mérito de una operación exitosa? Sí, probablemente lo haya hecho más de una vez. Por eso es un prócer. ¿Cuántas operaciones harto complejas de Favaloro quedaron opacadas detrás del by pass?

Ayer, Lionel Andres Messi convirtió un gol de tiro libre que realmente es un poema, un tutorial de cómo ejecutar una falta. No trascendió. A la postre no le terminó importando a nadie. El domingo nos refrescó una vieja certeza: El único tipo que puede opacar a La Pulga es el propio Lionel.

Quizá haya sido la primera vez en el que un pase a un compañero significó más que un pase a la red: el único capaz de convertir una asistencia en la tapa de los diarios es Messi. El tercer gol de Suárez nunca fue noticia. No lo fue en España, no lo fue en Uruguay. ¿Sucedió alguna vez en la historia que en un partido donde hubo siete goles la foto principal se la lleve una imagen donde no se ve ningún arco y en la que un jugador parece caminar al lado de una pelota?

Es cierto, Messi no inventó la jugada (Un tal Johan Cruyff, sujeto medianamente importante en la vida del fútbol mundial, la patentó un par de décadas atrás) pero si reinventó el periodismo. Resignificó el valor del diccionario, del lenguaje del cronista que volvió, con el rabo caído, a  buscar sinónimos olvidados. Messi, la pesadilla de los arqueros, los defensores, los entrenadores y los diseñadores gráficos.

Algún día, cuando pasemos los viernes de lluvia mirando una y otra vez los videos de un retirado Messi en celulares 10G (Youtube será, para aquel entonces, una conversación nostálgica entre gordos y cuarentones) tomaremos real dimensión de la belleza estética de la inédita asistencia de La Pulga, una de las dos que le faltaban (la otra sería realizando un lateral, algo que quizá esté practicando). Messi soltó la pelota como quien se choca una silla en madrugada y Suárez olfateó sangre para finiquitar un regalo que originalmente era para Neymar. La defensa se quedó congelada ante tal genialidad y el arquero nunca supo para que lado volcarse.

No sé porque elijo quedarme con el gesto. Quizá porque un argentino que piensa en el otro deba ser un uruguayo. Pero Messi, sabiendo que su amigo Neymar tiene un karma con los penales, le cedió la gloria, estando en la puerta de los 300 goles. Bah, eso intuyo, eso quiero creer. A lo mejor el enano rosarino sea un canchero con dotes de actuación sublimes y solo eligió que la estadística le señale un penal errado porque, como muchos de mis amigos, no se banca un fin de semana sin llamar la atención.

Sea cual sea el caso, el capitán de la Selección Argentina refuerza todos los domingos que la evolución es posible. En tiempos donde un país continúa separándose entre unitarios y federales, La Pulga insiste en sacarle brillo a lo que ya encandila, en convertir al fútbol en un deporte de culto, un film de Tarantino. La edición 2016 de Messi es la nueva esperanza de un mundo que hace rato insiste en hacernos creer que todo se fue a la reverenda mierda.