ENTREVISTA: “¿Querés ver jugar al mejor jugador del Mundo?”

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Padre, comunicador, emprendedor y viajero, Diego Sánchez es uno de esos tipos transparentes a los que uno puede describir a través de una anécdota. Cubriendo a la Selección Argentina de fútbol desde el 2007, Sánchez se vale de su experiencia en el periodismo de autogestión para construir una carrera que, a sus 37 años, está a un paso de enseñarle su costado más dulce.

Lo primero que uno percibe cuando se cruza a Diego Sánchez Gilardenghi (Francisco Madero, Buenos Aires – 15/01/1979) por primera vez, es que tiene por delante a un tipo más joven de lo que aparenta. No porque sea especialmente grande, ni por algún rasgo físico en particular: Sánchez es, en esencia, un chico, un pibe de 10 años atrapado en el cuerpo de un hombre más grande. De ninguna manera la comparación conlleva una relación negativa (¿Qué tan felices nos permitíamos ser en nuestra primera década?) sino que, en ocasiones, el Toro no puede evitar la sonrisa pícara, ni opacar la mirada cuando rememora tiempos de potrero y calles de tierra. A veces es un nene inquieto, de esos que no soportan el silencio y odian las horas de dormir la siesta.

En ocasiones, esta comparación se vuelve explícita: cuando Sánchez no está (como todo nene de diez años), se nota bastante su ausencia.

Llegado de Madero (un pueblo de 1400 habitantes del noroeste de la provincia bonaerense) hace 17 años, Sánchez lleva prácticamente media vida en La Plata, ciudad a la que se acercó para estudiar Comunicación Social en la Universidad Nacional y en la que se convirtió en papá de Guadalupe y Alejo. Después de diez años trabajando en el área de Deportes de la Agencia Diarios Bonaerenses (DIB), mañana cruzará sus puertas por última vez en calidad de redactor para volver a sus pagos. Entre el momento en el que un joven del mal llamado interior se anima a tirar un CV para una pasantía sin mayores expectativas, hasta este en el que un niño alegre está a punto de dar el paso más satisfactorio de su carrera, transcurre la siguiente nota.

 

VOLVER A CASA

  • ¿Te habías proyectado volver a los pagos en algún momento de tu vida o es algo que se te ocurrió en estos últimos años?
  • No sé si era parte del plan volver a Madero, aunque en realidad me voy a Pehuajó, que es cerca. Durante mucho tiempo me imaginé que iba a hacer mi vida acá. O sea, uno siempre sabe que si no te va bien está esa última opción, pero a lo mejor no pensaba que se iba a dar de esta manera. Me costó mucho tomar esta decisión; mucha gente me preguntaba y cuando me decía “¿Por qué no lo haces?” me quedaba seco, pensando. Me llevó mucho tiempo darme cuenta que tenían razón. Y cuando uno está bien, como ahora, está más lúcido y ve las cosas en perspectiva: voy a recuperar mis afectos, mis amigos, voy a estar cerca de mis hijos que es lo principal… Estoy disfrutando mucho de la ciudad en estos días. Desde que lo admití, me siento mucho más aliviado.

 

  • ¿Siempre viviste en el mismo lugar en La Plata?
  • Sí, desde hace 17 años. Hoy empecé a acomodar las cosas, algo que venía postergando porque todavía no caí y me encontré con escritos, papeles, material de la facultad… Sé qué cuando cierre el departamento por última vez va a ser muy fuerte. Y ni te digo cuando le dé el abrazo de despedida a Fede Serra, va a ser dificil.. Le debo mucho a mucha gente, y él es mi hermano platense.

 

  • Me llevo muchas cosas de esta ciudad. En este último mes he recibido muestras de cariño de mucha gente, me han llamado muchos para contarme que se alegraban por mí, por mi decisión y eso es tremendo. Lo que uno se lleva de acá es eso, más allá de lo laboral, de la experiencia. Lo hablaba ayer con mi hermano, la verdad es que me emociona mucho.

EL PERIODISMO

  • ¿Cómo es el ambiente de la Selección? ¿Es muy difícil laburar o uno se lo toma más en serio?
  • No, yo siempre digo que trabajo de la misma manera cubriendo a Maderense que a la Selección; al contrario, yo creo que es más fácil. Uno a veces no toma dimensión de que somos privilegiados: Nos acreditamos, nos sentamos en una butaca, vemos el partido desde un lugar bárbaro, tenemos la posibilidad de disfrutar del show desde la previa y el después, a diferencia de la gente que ve un párrafo de lo que pasa. Sí creo que cubrir a la Selección es jugar en las grandes ligas. Pero particularmente admiro más a los periodistas de los medios chicos, de las radios del interior…

 

  • Por ejemplo…
  • El año pasado llamé a unos chicos de Pehuajó y los felicité por el trabajo que hacen porque la verdad que me sorprendió el profesionalismo, el laburo, la seriedad… Son mucho más profesionales que muchos que van a cubrir los Superclásicos y son chicos que a lo mejor están 8 horas haciendo una transmisión de radio, tres horas de televisión, capaz para no cobrar nada, con las dificultades que conlleva una cobertura de esas: si en el Monumental cuesta muchísimo agarrar internet, imagínate lo que debe ser conseguir un ancho de banda para hacer eso en el interior. Los llamé y les agradecí.

 

  • Pero en la relación con los colegas, digo…
  • Hay de todo, como en todos lados. Yo creo que un periodista que está acreditado por un medio chico tiene la misma importancia que el que está por Reuters. Y generalmente el tipo que es grande en serio también lo entiende así. A mí me pasó, de hecho, que en un partido en cancha de River, creo que aquel contra Perú que Palermo hace el gol debajo de la lluvia, por alguna situación confusa, me quedé sin lugar para escribir, sentado entre dos bancos. Y ahí, un periodista de Reuters hizo valer la chapa, pero a favor: No sé cómo hizo, pero me consiguió una madera para que yo pueda laburar. Como en todo ambiente, hay gente así, y está el que no te saluda. Siempre digo que al único colega que hay que envidiar es al que está acreditado para estar atrás del arco, porque puede ver en primera persona el gol de Messi y abrazarse con él.

 

  • ¿Cuesta hacer la pregunta cuando estás en la conferencia de prensa con otros 100 medios o ni perdés el tiempo?
  • Para poder hacer la pregunta, tenés que estar y yo creo que hay que estar siempre. La mano la tenés que levantar y demostrar que estás. Después, si el dueño del micrófono no te señala, es otra cosa, pero vos tenés que estar ahí y no tenés que dudar en levantar la mano, nunca. Como te digo: Son las grandes ligas, pero acá somos todos iguales.

 

  • Contame una de esas. –
  • En la Copa América me pasó: Estábamos con Diego Riquelme (Reportero Gráfico, Director de elfulbaso.com.ar) sentados, esperando para hacer una nota, y llegó gente de un medio importante y eligieron la mesa donde estábamos nosotros para hacer la suya, sin preguntar, ni saludar, ni pedir permiso. Ahí teníamos dos opciones: nos peleábamos, porque lo que estaban haciendo era una falta total de respeto, o nos levantábamos y nos íbamos para otro lado. Elegimos lo último y nos salió bien: el entrevistado de ellos los hizo esperar (con justicia) una hora y nosotros fuimos los primeros en pasar para hacer una la nuestra con Mariano Andújar que teníamos pactada por insistencia.

 

  • ¿Laburaron mucho la nota?
  • Uff, tendrías que haber visto la cara de los otros cuando pasamos nosotros a charlar con Andujar. Nos miraban como diciendo “¿Estos quiénes son?” y la verdad es que nosotros conseguimos la nota porque insistimos mucho y en ese plano, porque la gente de prensa de AFA nos veía que estábamos todos los días ahí, diez horas, en todos los entrenamientos y en todas las conferencias.

 

  • Fueron a todos lados, además.
  • Sí, fuimos de los pocos que estuvimos en todos lados, viajando como podíamos. Es una vorágine tremenda: del hostel al entrenamiento, del entrenamiento al hostel, de ahí volvías para la conferencia… entre medio tenés que comer, escribir las notas, planificar la logística… Uno en un medio grande tiene la tranquilidad de que llega el día de ir a la Copa, pregunta en qué vuelo le toca, dónde va a dormir y cuánto tiene para gastar. En nuestro caso toda esa planificación corre por cuenta nuestra y ahí entran en juego las especulaciones, los posibles viajes, los rivales… Es un proceso desgastante, que te resta energías a la hora de hacer periodismo. Nosotros estuvimos un mes y medio en Chile, laburando todos los días. Así me engripé dos veces.

 

  • Hiciste rendir los viáticos…
  • Mirá, en todas las coberturas que hice en mi vida, muy pocas veces gané plata. De hecho, muchas veces terminé pagando muchas cosas de mi bolsillo. Una vez que estás ahí, si lo disfrutas, tratas de perder lo menos posible. A mí me encanta ver fútbol, calcula que con mi hermano nos íbamos a ver hasta los Intercountries: estar ahí para mi es lo máximo. Hasta en malos momentos personales estuve con la Selección, como te decía antes, para mí es un privilegio. Sí es cierto que los periodistas nos la rebuscamos: entre el laburo uno come poco, el alojamiento es más barato de lo que es acá y después de tantas horas, buscas lo básico para dormir y arrancar al otro día.

 

  • ¿Hubo buena relación con los colegas de allá?
  • Sí, muy buena, incluso nos hicimos de un grupo de gente con los que coordinábamos los viajes. Son gente que sabe mucho de fútbol, y mucho de fútbol argentino. Tanta es la buena onda que pegamos que cuando terminó la final, uno de los chicos chilenos con los que mejor relación teníamos me abrazó y después me dijo que era al primero que abrazaba. Esa Copa fue una alegría para una nación que está acostumbrada a sufrir mucho y lo tomé de esa manera para mitigar el dolor de la derrota.

 

  • Si tuvieras que definir al periodismo argentino…
  • El periodismo es una profesión de muchos egos. Yo creo que el periodismo no nace en los grandes medios… Es decir, es buenísimo tener la posibilidad, y seguro uno encuentra otras herramientas, pero el trabajo, la cordialidad… Como te dije antes, hay que tratar al otro como un igual. Yo no estoy para nada de acuerdo con los que dicen que el periodismo está mal, que está todo para la mierda; al contrario, yo creo que hay mucha gente buena, muy capacitada. Por lo menos a mí me han ayudado mucho y es lo que intento hacer con los demás. Una vez me pasó de prender la radio y escucharlo a Rex Gowar, un periodista argentino que labura hace años en Reuters, hablar con Patuti Cerviño en La Redonda y yo me quedé maravillado por como hablaba. Y un día, de repente me pasó estar compartiendo una cobertura con él. Yo lo miraba con una admiración tremenda y el tipo, que laburaba hace años en una de las agencias de noticias más importantes y antiguas del mundo, a mí me veía como un par. Son cosas que te enseñan mucho; yo nunca quise olvidarme de eso, de donde vengo. Me ha pasado de compartir cena con gente de las agencias que usamos en el diario y decirles “Puta, yo leo sus cables”. El periodismo te da ese tipo de cosas, al principio uno se sorprende de cruzarse con gente a la que uno admira. Me ha tocado incluso tener al lado a Messi, a Maradona, y nunca pedí una foto. No soy cholulo, no me gusta molestar. Sí me tomo cada cobertura como algo que me regalo.

 

LOS VIAJES

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  • ¿Qué es @PelotaViajera?
  • Pelota Viajera, que ahora lo tengo medio abandonado, es un proyecto, una excusa que elegí para combinar mis dos pasiones que son el fútbol y los viajes. Otros a lo mejor combinan su gusto por viajar con la literatura, o con la arquitectura y la fotografía: Yo generalmente viajo solo, aunque siempre insisto en que uno nunca está solo cuando viaja. He conocido gente en cada viaje que me ha cambiado la cabeza, me ha ayudado a entender las cosas de otra manera. Viajar me hace sentir libre, y disfruto mucho cuando puedo aprovechar y sumar alguna cobertura, porque no aguanto, je. Algunos disfrutan de ver los edificios y ya te digo, a mí me encanta ver a los pibes de todo el mundo jugando a la pelota.

 

  • ¿Qué cosas te han movilizado estando afuera?620479_393912603996224_1540866823_o
  • Messi. Cuando estoy en un partido en el exterior y la agarra Messi y el estadio se enmudece, te invade la sensación de que va a pasar algo mágico, te llenás de adrenalina. A mí se me pone la piel de gallina. Me pasó de estar en un partido en Alemania en el 2012 y ver a los nenes alemanes que iban a la cancha con la camiseta de Leo en la Selección Argentina. Es tremendo.

 

  • Otra…
  • En Holanda, me pasó de estar sentado, en el medio de una plaza que se llama Dam, en el corazón de Ámsterdam, y de repente saltar derecho a Madero, a mi casa de atrás de la vía, gambeteando masetas creyéndome Van Basten mientras pensaba que mi hermano Marcos era el arquero de Alemania. Y de pronto estaba ahí, a 15 cuadras de la cancha donde se lució Van Basten, que era mi ídolo de chiquito y pensaba “¡Cómo me gustaría que esté mi hermano acá para jugar a la pelota!”.

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  • ¿Soñabas con llegar tan lejos cuando estabas en Madero?
  • No, ni loco. Cada paso que fui dando me fue emocionando, sintiendo que había tocado techo. En la Copa Confederaciones del 2013, estaba viendo Italia-Brasil y me dije “mirá donde estoy” y pensé en mi abuelo, que siempre me hablaba de fútbol. Ese día lo veía a Pirlo jugar y ya estaba hecha mi carrera, te daban ganas de aplaudir, tirarte adentro de la cancha. En ese tipo de eventos te sentís un protagonista, aunque no pises el pasto. Hay un micro de FIFA que te lleva hasta adentro de la cancha, el marco… Son cosas que no se olvidan. Me acordé también de mi tía Nenicha, que fue la primera en llevarme a la cancha, la primera a la que yo le escuché decir la palabra Maracaná sin saber que significaba y de repente yo estaba ahí, en ese estadio, viendo a Neymar. Fue muy fuerte.

 

  • ¿Vas a estar en Rusia?
  • Es el objetivo. Yo me amargué mucho ya, en el 2010 y sobre todo en el 2014 la AFA me cagó, me dejó afuera arbitrariamente y acreditó a cada uno… Confío en que esta vez, a lo mejor con una administración nueva, va a ser diferente. Yo creo que se va a dar, pero bueno, hay que moverse, laburar mucho. La clave es nunca dejar de moverse. Obviamente el sueño sería poder hacerlo con mi hijo, él como hincha, yo laburando, pero poder compartir esas cosas. Lo que me pasaba con mi abuelo a la vez me pasa ahora con él.

 

“¿QUERES VER AL MEJOR JUGADOR DEL MUNDO?”

La entrevista, que nunca fue entrevista sino una charla entre un tipo que sabe mucho y otro que trataba de interrumpir lo menos posible, alcanzó las tres horas y media. En ese lapso, suficiente como para hacer un viaje de ida hasta la costa atlántica, vimos llenarse y vaciarse las mesas alrededor. Se terminó porque no quedó alternativa: la cuenta había llegado una hora antes y ya era momento en el que Sánchez vuelva a la oficina.

En el tiempo que estuvimos ahí, nunca dejé de ver la pared que estaba atrás de Diego: se veía a través suyo. Sánchez no solo es un nene, es uno alegre, inocente. Compañero. Perdí la cuenta de toda la cantidad de frases motivadoras que el maderense utilizó para con quien suscribe y otros amigos, a los que los ayudó con el puntapié inicial de proyectos que hoy marchan viento en popa. Sí hubiese una imagen archiconocida que definiera a Sánchez, bien podría valer (y sería coherente con su laburo) aquella imagen de Piojo López simulando un inflador. Pero al principio de esta nota dijimos que al Toro bien lo puede definir una anécdota.

“En la previa del Mundial pasado, en el partido que se jugó acá en La Plata contra Eslovenia, yo estaba acreditado y un ratito antes del partido, un amigo que no podía ir me regala una entrada. Llamé a la Agencia y a mi primo, pero nadie podía. En eso, se me ocurrió una idea: salí por el estacionamiento del Estadio Único, por donde entran los jugadores y me fui hasta al lado de la puerta, que estaba que desbordada de hinchas, periodistas y curiosos. Empecé a buscar y lo vi: había un nene en una bicicleta playera, con la camiseta de River. Me acerqué y le pregunté cuál era el jugador que más le gustaba, y me dijo Lanzini. Le pregunté por otro más, no me acuerdo que me dijo, y al final le hice la pregunta: ¿Querés ver jugar al mejor jugador del mundo? , le regalé la entrada y me di vuelta, en medio de toda la gente que miraba sorprendida. Mirá como son los chicos: el pibe me gritó ‘Muchas gracias, ¿pero no tenés otra para mi amigo?’ y yo le dije que no, que ya no tenía. La verdad que me partió el alma”.

A lo mejor esa historia, una entre tantas, sobre Diego no dice nada. A lo mejor no vivimos en un país donde hasta el presidente de la AFA revende entradas, sino más bien todo lo contrario y lo que Sánchez cuenta casi al pasar sea efectivamente eso, nada destacable. Incluso es probable que sí, que sea natural sentirse culpable con un chico inmediatamente después de darle un regalo alucinante. Insisto, a lo mejor nada de lo que está en esta nota hable bien de Diego Sánchez.

A lo mejor solo lo define alguna pelota en un potrero, un partido que se juega en el último rincón del mundo o un nene de diez años gambeteando masetas con la camiseta de Van Basten. En cualquier caso, que haya cerca un grabador. Aunque en esta oportunidad, prenderlo ni siquiera hizo falta.